Mi viaje por Guatemala fue corto,
estuve menos tiempo de lo planeado. La idea era recorrer
Guatemala y El Salvador en aproximadamente tres semanas,
pero tuve que volver antes por un pequeño detalle: me agarré
dengue. Pude recorrer algunos pueblos y ciudades, y después
pasé unos seis días internada en el Centro Médico Maya de
Santa Elena. A pesar de que estuve enferma, fue una experiencia
muy positiva, ya que pude conocer a los locales desde otro
ámbito. Acá les dejo mi diario de viaje.
Este viaje empezó el 26 de junio y terminó el 27 de julio
de 2009, aunque varios textos fueron escritos con posterioridad. |
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28/06/2009 - Pasajera en tránsito
Mi viaje empezó un día después de lo planeado. Qué pasó, de todo, primero y principal:
la bendita niebla. Tuvieron que desviar el avión que llegaba de Lima hacia Aeroparque
a causa de la niebla (yo tenía que tomar ese avión para hacer conexión en Lima
y de ahí volar directo a Guatemala) y finalmente suspendieron el vuelo. Así que
otra vez a casa, a dormir y esperar para salir el domingo a las 6. [LEER
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29/06/2009 - Algunas cositas típicas
de acá
Caminando por La Antigua me topé
con algunas cosas que imagino se van a ir repitiendo bastante... [LEER TXT] |
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29/06/2009 - Cosas que pasan en Antigua
Antigua (o "La Antigua Guatemala")
es un pueblo chiquito, colonial, pintoresco. Los guatemaltecos
están orgullosos de este lugar, y tienen toda la razón, es
un pueblito mágico, en muchas maneras similar a otras ciudades
coloniales de Centroamérica como Granada o León (Nicaragua).
Pero a pesar de las similitudes, Antigua tiene personalidad
propia. [LEER
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01/07/2009 - El famoso chickenbus
Por todos lados, hasta en el pueblo más chiquito y perdido, hay “agencias de
viaje” que ofrecen el servicio de “shuttle bus” (combis) (sí, acá todo se ofrece
en inglés) hacia distintos puntos turísticos del país. Si uno tiene poco tiempo,
puede ser una buena opción, pero lo cierto es que duele pagar 15 dólares por
un viaje de no más de una hora y en el que uno solo ve las caras de otros extranjeros.
Lo lindo es viajar en busca de experiencias auténticas. [LEER
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02/07/2009 - Vueltas por el Lago de
Atitlán
Es una pena viajar con poco tiempo por el Lago de Atitlán ya que hay muchos lugares
por conocer. Unos 20 minutos antes de comenzar el descenso a Pana, la combi se
choca con una vista panorámica increíble. Allí el conductor invita a los pasajeros
a bajarse y, desde el borde de la pendiente, comienza a señalar y a nombrar los
pueblos asentados a orillas del Lago. [LEER
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03/07/2009 - Mi experiencia en el Hospital
Evangélico de Chichicastenango
Y sí, era obvio que esto iba a pasar tarde o temprano. Me voy de viaje y algo
me agarra, aunque por suerte esta vez no fue tan grave como la internación en
Bolivia. Todo empezó el martes a la mañana cuando viajaba de Antigua al Lago
de Atitlán: hicimos una parada para sacar algunas fotos y me picó un bicho abajo
de la muñeca izquierda. ¿Qué bicho me pico? Nadie sabe. [LEER
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03/07/2009 - El mercado indígena de
Chichicastenango en fotos
Los jueves y los domingos son los días más importantes de la semana en Chichicastenango:
esos dos días, sin excepción y durante todo el año, tiene lugar uno de los mercados
indígenas más importantes del país. Desde la noche anterior, Chichicastenango,
pueblito tranquilo si los hay, se vuelve caótico. Hombres, mujeres y niños llegan
de todas partes de Guatemala para exponer, durante unas horas, sus productos
a lo largo de las calles del pueblo. [LEER
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12/07/2009 - La maldición de Tikal (o:
El dengue y yo, en cinco capítulos)
Ya ve... ¡A Tikal! ¡Todos iban a Tikal y aquicito se quedaron! La
enfermera me controla el suero y se ríe. Uno que se rompió una
pierna y ya no pudo ir, otro que necesitó cirugía y se quedó aquí internado
varios días. ¡Todos se volvieron a su país, ninguno vio Tikal! Las
dos nos reímos de la situación, morbosa, irónica, triste. Esta vez
me tocó a mí. [LEER
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13/07/2009 - Capítulo I: Fue el huevo
Desapareció. De golpe, misteriosamente, sin ningún tipo de explicación. Desde
el primer día que puse un pie en Guatemala, el hambre se borró de mi organismo.
Será el calor, pensé. Será hasta que me aclimate, me dije. Será que estoy cansada,
me convencí. Si comía era solamente porque mi cabeza me decía que un ser humano
necesita alimentarse para sobrevivir, pero no porque sintiera deseos de hacerlo. [LEER
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14/07/2009 - Capítulo II: Hay que internar
Al día siguiente me despertó la alarma de mi celular. La había puesto a las siete
para levantarme temprano e ir a Semuc Champey, a pocos kilómetros de Cobán. Según
dicen, uno de los lugares más lindos de Guatemala. Yo seguía convencida de que
lo mío había sido algo hepático, así que fui a la farmacia y le pedí al farmacéutico
que me diera algo para aliviar el malestar. [LEER
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16/07/2009 - Capítulo
III: Inseparables
En semejante situación —internada, en otro país y sola— el suero se convirtió
en mi mejor amigo y en mi punto de contacto con las enfermeras. Al principio
lo colgaron de una especie de palo que pendía del techo para que quedara justo
por encima de mi brazo izquierdo. El problema fue la primera vez que tuve ganas
de ir al baño (de más está decir que así como el suero entra, también necesita
salir, y con bastante frecuencia). [LEER
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25/07/2009 - Capítulo IV: ¡Enfermera!
¡Quiero ir al baño! ¡Enfermera! ¡Se me salió el suero! ¡Enfermeraaa!
¡Me aburro!
Sandra, la más joven de las dos enfermeras, se ríe otra vez. Tiene 25 años y
es curiosa. Desde que llegué me cuenta cosas: que hay tres recién nacidos en
la clínica, que uno pesa cinco libras, que un señor le mandó flores a la mujer
que está internada, que la noche anterior llegó una mujer muy mal y la iban a
tener que operar. [LEER TXT] |
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01/08/2009 - Capítulo V: Repatriación
sanitaria
Cuando uno lee las condiciones
de cobertura del seguro médico se choca con términos que
cree que jamás se van a materializar. Nosotros, seres inmortales,
nunca vamos a necesitar algo como una repatriación sanitaria...
Eso es para personas con mala suerte que tienen que volver
a su país en camilla en vez de en avión. Pero bueno, hay
que estar cubierto ¿no? [LEER
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14/01/2010 - Maia
Maia siempre se despierta unos minutos antes de que salga el sol. No tiene noción
de la hora, en su casa nunca le enseñaron a guiarse por dos agujas sino por el
color del cielo. Cada mañana, ve el cielo negro que de a poco empieza a aclarar,
eso le indica que está por empezar el día. Maia es la más pequeña de cinco hermanas
y comparte la cama con dos de ellas. En el cuarto que hace de casa son siete:
ellas cinco, la madre y una tía. [LEER TXT] |
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