[PERÚ] Cusco, donde el imperio inca sigue vivo


Esta ciudad ostenta varios títulos: Cusco, Patrimonio de la Humanidad; Cusco, Capital Histórica del Perú; Cusco, Capital Arqueológica de América. Sin embargo, tal vez el nombre con el que más se la promociona y se la conoce sea Cusco, antigua capital del Imperio Inca. Y es que es imposible estar acá y no aprender nada acerca del Tahuantinsuyo, aquel famoso imperio que se desarrolló entre 1438 y 1532 y llegó a ocupar los territorios de Bolivia, Perú, Ecuador, la parte sur de Colombia y el norte de Chile y Argentina. A pesar de que esta civilización desapareció por completo, sus huellas siguen vivas tanto en la arquitectura de sus ruinas como en la cultura de muchísimos peruanos. Cusco desborda de tradición incaica, en este lugar todo forma parte de la historia.

Por ejemplo, el mismo nombre de la ciudad fue mutando junto con los hechos que se sucedían. En un principio, su nombre en quechua era Qosqo, que significa “ombligo del mundo”. Según la cosmovisión inca, en Qosqo confluían los tres mundos: el Uku Pacha o mundo de abajo de los muertos (representado por la serpiente), el Kay Pacha, mundo visible de los vivos (cuyo símbolo era el puma) y el Hanan Pacha, mundo superior de los dioses (representado por la figura de cóndor). Con la llegada de los españoles, el nombre fue cambiado a Cuzco y, desde 1993, la denominación oficial pasó a ser Cusco. Los cusqueños y los peruanos se refieren a su ciudad como El Cusco, pero los documentos y mapas extranjeros la siguen llamando Cuzco. Tal vez el cambio de Z por S sea una manera de alejarse de la antigua dominación española.

Caminar por la Plaza de Armas es atravesar varias épocas de historia. En un principio, este lugar no era más que un pantano; luego los incas lo secaron y lo transformaron en el centro administrativo, religioso y cultural de su imperio. Alrededor de la plaza se erigían los palacios de los incas y allí se celebraban las victorias del ejército. Los españoles ocuparon esos palacios y construyeron nuevas mansiones, y en el centro de la plaza ejecutaron a Tupac Amarú II en 1781. En la Plaza de Armas, así como en los templos e iglesias de Cusco, se puede observar la fusión entre la cultura española y la inca. El arte religioso de la época muestra el sincretismo entre los dioses incaicos (el sol, la luna) y la religión católica. Es que Cusco fue un centro religioso importante ya que allí se realizaba el culto a Inti, el sol. En cada solsticio de invierno se ofrecían sacrificios al sol, ritual que ya no se practica pero que se sigue rememorando cada 21 de julio.

Algo que me llamó muchísimo la atención de esta cultura es la fuerte unión que mantuvo con la naturaleza. Los incas no iban en contra de la naturaleza sino que se unían a ella: sus dioses eran astros, animales y elementos como el agua y la Pachamama (madre tierra); fueron grandes astrónomos y sus construcciones estaban en total armonía con el cielo y la tierra; crearon técnicas avanzadas de cultivo y dejaron un gran legado artístico y científico. La arquitectura inca fue muy avanzada, tanto que aún no se sabe cómo realizaron ciertas construcciones y cómo cargaron piedras tan pesadas de un lugar a otro. La piedra era un elemento sagrado para esta civilización: dentro de ella vivía el espíritu, por eso la adoraban y la consideraban fuente de energía. Los templos y las viviendas importantes se construían con piedras pulidas y perfectamente encastradas unas con otras, como un rompecabezas, sin utilizar materiales para unirlas. Las construcciones de menor importancia se realizaban con piedras de menor calidad y se pegaban con barro. Sus construcciones eran antisísmicas y han perdurado hasta hoy día.

El Valle Sagrado y Machu Picchu son sólo una muestra de las increíbles capacidades de esta civilización. Machu Picchu es una ciudad oculta en el medio de las montañas, un lugar que suscita muchísimas teorías: se cree que esta ciudad fue la residencia de Pachacutec, el más grande emperador inca; también se piensa que fue un lugar sagrado y otros creen que cumplía la función de fortaleza militar. Mi primera visión de las ruinas fue desde la cima del Wayna Picchu. Como subí temprano, la niebla todavía no dejaba ver el lugar, así que me senté en una piedra, esperé que el viento disipara las nubes y finalmente pude ver la antigua ciudad en su totalidad. Estuve más de una hora sentada ahí arriba, hipnotizada, pensando e intentando imaginar cómo habían vivido, cómo se organizaron, cómo se relacionaban entre ellos y sobre todo, cómo lograron construir semejante obra de arte. Tal vez los incas fueron una cultura más avanzada, tal vez su relación con la naturaleza les permitió realizar estas obras arquitectónicas, tal vez contaron con alguna ayuda desconocida. No lo sé… Pero tan distintos no debieron ser, ya que al fin y al cabo ellos también fueron seres humanos como nosotros.

Texto e imágenes: Aniko Villalba © 2008