Nicaragua es un país crudo, auténtico. Para
una dosis de realidad latinoamericana, nada mejor que conocer
este pequeño –y a la vez inmenso– país. Al pasar de Costa
Rica a Nicaragua las diferencias se sienten: Costa Rica
es un país mucho más turístico y caro; en Nicaragua la
gente es distinta, el transporte es más precario y los
precios son mucho más bajos. Nicaragua es un país mucho
más pobre económicamente, pero su naturaleza y paisajes
siguen siendo verdes e imponentes y la gente es muy cálida
y agradable.
El cruce de frontera
Belu, mi compañera de viaje, y yo cruzamos
de Costa Rica a Nicaragua por la frontera de Peñas Blancas,
al noroeste del país. Resultó ser una de las más caóticas
que crucé hasta ahora por la gran cantidad de gente que
va de un lado a otro. Apenas entramos a Nicaragua se nos
abalanzaron taxistas para ofrecernos transporte a los pueblos
cercanos y chicos para que “no nos perdamos” camino a la
oficina de migraciones. Algo común en varias fronteras
latinoamericanas.
Después de haber sellado la entrada nos rodearon unos
siete taxistas para llevarnos a San Juan del Sur, un pueblito
costero a una hora de la frontera. Al principio nos querían
cobrar U$S 35 por un viaje que cuesta alrededor de U$S
10, y por más que dijimos que no nos siguieron insistiendo.
Nos salvó un nicaragüense que pasó y sin siquiera escucharnos
hablar nos miró y nos dijo riéndose: “¡Argentinas! Ustedes
sí que no van a pagar un taxi”. Y así fue, nos tomamos
dos colectivos y nos dispusimos a conocer la verdadera
cara de este país.
Más allá de las ciudades principales como Managua, Granada
y León, hay varios pueblitos o ciudades más pequeñas que
vale la pena conocer. San Juan del Sur, Masaya y Las Peñitas
son tres de ellos.
San Juan del Sur
Después de viajar en los colectivos típicos de Nicaragua
(buses escolares amarillos, obsequiados por Estados Unidos
al país) llegamos a San Juan del Sur, un pueblito ubicado
en la costa del Pacífico, bien al sur del país (un poco
más al sur, pero en la costa opuesta del país, existe un
pueblo llamado San Juan del Norte). Este lugar de casitas
bajas y coloridas es uno de los principales balnearios
de Nica, es bastante turístico, pero ideal para relajarse,
disfrutar de la playa y caminar. El pueblo está rodeado
de montañas con densa vegetación y repleto de palmeras.
Hay varias opciones de hospedaje, así como barcitos y restaurantes
en cada cuadra.
A unos 9 km del pueblo existe otra playa llamada “Maderas”,
la preferida de los surfers. Se puede llegar en auto, pero
una de las mejores opciones (para los deportistas) es hacer
el camino en bicicleta: los primeros 4 km son de tierra,
y el resto son subidas y bajadas. Es cansador, pero llegar
a la orilla del mar pedaleando sobre la arena no tiene
comparación.
Masaya
Masaya es una ciudad a mitad de camino entre Managua y
Granada, así que es fácil hacer una escapada en el día
desde cualquiera de estos dos lugares. Masaya es famosa
en el país por sus excelentes artesanías: la mayor concentración
de artesanos y puestos de venta está en el Mercado Viejo,
una construcción cerrada entre muros que de afuera asemeja
a un pequeño castillo. Allí hay de todo y a precios muy
accesibles: hamacas, trabajos tallados en madera, telas,
ropa, adornos, cerámica, trabajos en cuero, bolsos, cuadros...
El lugar es muy ordenado y el visitante no se siente presionado
a comprar ya que los vendedores son muy tranquilos y serviciales.
A pocas cuadras hay otro mercado, el Mercado Municipal
Ernesto Fernández, con bastantes artesanías y comedores
para sentarse un rato a descansar. El Mercado Viejo fue
restaurado y está preparado para recibir turistas constantemente,
en cambio el Mercado Municipal es más frecuentado por los
locales, lo que le da un aire más interesante.
Algo que hace a Masaya un lugar especial es la enorme
laguna que bordea un sector de la ciudad. Mi amiga y yo
la encontramos de casualidad, ya que no está señalizada
ni demasiado “promocionada”. Simplemente nos pusimos a
caminar por una de las calles principales en dirección
hacia el oeste y nos chocamos de frente, sin previo aviso,
con la Laguna de Masaya. Y eso es lo que tiene Nicaragua
que lo hace tan sorprendente y cautivante: uno encuentra
paisajes imponentes en los lugares más inesperados.
Las Peñitas
En Las Peñitas, un pueblito costero 20 km al oeste de
León, presencié uno de los atardeceres más impresionantes
que recuerdo. El sol rojo e inmenso parecía no llamar demasiado
la atención de los locales, quienes probablemente están
más que acostumbrados a semejante puesta en escena. Los
fines de semana este pueblito con calles de tierra se llena
de gente proveniente de León, pero el resto de los días
la playa está casi desierta.
En Las Peñitas realmente no hay nada que hacer. El mar
es caliente, los chicos corren por la calle y juegan a
la pelota a orillas del agua, los animales andan sueltos
como amos del lugar y el cielo se pone de colores jamás
vistos. Es ideal para sacar fotos, caminar y disfrutar
del paisaje.
|