[NICARAGUA] Chico Largo y los misterios de Ometepe


“Todas las vacas que viven en la isla eran hombres que, por no cumplir un trato con Chico Largo, fueron transformados en animales. ¿Vio cuántas que hay? Dicen que aparecen algunas que hasta tienen dientes de oro...”, me cuenta Levi, sonriendo, mientras nos sirve un plato de pescado fresco con arroz, papas y ensalada. Estamos en Santo Domingo, una de las tantas playas de esta isla situada en el Lago de Nicaragua (también denominado lago Cocibolca) y conocida como Isla de Ometepe. Levi, como el resto de los 35 mil ometepinos que habitan los 277 km2 de la isla, está orgulloso de su tierra y feliz por el interés que demostramos hacia las leyendas que circulan hace varias generaciones.

Sin que lo interrumpamos, prosigue con su relato: “Chico Largo era un hombre que vivió cerca de la Laguna Verde, en San José del Sur, otra zona de la Isla; dicen que hizo un pacto con el diablo para poder echar a los militares somocistas que se habían instalado aquí durante la revolución. Una noche apareció disfrazado de toro y así logró espantarlos y recuperó la paz del lugar.” Según Levi, la antigua finca de Chico Largo está poseída por el diablo y a veces, de noche, se ve una carreta fantasmal tirada por toros. “Dicen también que Chico Largo convirtió a mucho hombres en vacas y en peces: los obligaba a sumergirse en la Laguna Verde y cuando salían ya no eran humanos sino animales”. Y mirándome a los ojos agrega, con una mezcla de picardía y miedo: “No le recomiendo que se bañe en esa laguna, nosotros nunca vamos y menos en Semana Santa: las mujeres que se meten se transforman en sirenas”.

El Encanto de Francisco Rodríguez

Decidí investigar un poco más acerca de este misterioso personaje y las leyendas del lugar. Las historias coincidían en los datos más generales, pero los detalles habían ido cambiando a través de los años. No hay duda de la existencia de Chico Largo, al parecer su nombre real era Francisco Rodríguez y mientras que para algunos fue “un hombre común y corriente”, para otros fue un poderoso chamán descendiente de brujos indígenas.

Muchos creían que tenía poderes sobrenaturales y por eso acudían a él para pedirle salud, poder y prosperidad; pero si no cumplían con su parte del pacto, Chico Largo los llevaba a El Encanto, una ciudad subterránea erigida debajo de la laguna de Charco Verde, y los convertía para siempre en vacas, toros, cerdos, peces o lagartijas. Muchos creían también, que Chico Largo era el intermediador entre el diablo y los hombres, y por eso le temían y lo respetaban más que a nadie en la Isla. La leyenda dice que cuando murió fue puesto en un ataúd en medio de la Laguna con piedras encima para que pudiera sumergirse y llegar a El Encanto más rápidamente.

La leyenda de Madera y Concepción

Ometepe significa “dos montañas” en lengua nahuatl (indígena) y la isla recibió esta denominación gracias a su mayor atractivo: los dos imponentes volcanes que alberga en su interior. El Madera, con 1394 metros de altura y un diámetro máximo de 24 km, hizo su última erupción hace más de ocho siglos, por lo que hoy se lo considera extinto. El Concepción, de 1610 metros de altura y un diámetro de 36 km, expulsó lava por última vez en 1957 y produjo un temblor de 6,2 grados en la escala de Richter en el 2005. Ambos tienen su historia y fueron considerados sagrados por los antiguos moradores.
Existe evidencia de vida en la isla desde el 1500 a.C. Los primeros habitantes pertenecieron a civilizaciones precolombinas como los aztecas, mayas, toltecas, nahuales, olmecas, chontales, tiwanacos que se dirigían hacia México. Los volcanes de Ometepe eran considerados dioses hecho piedra, por eso les ofrecían sacrificios a manera de culto y realizaban ritos en su honor. El Madera era llamado Coatlán (“lugar donde vive el sol) y el Concepción era denominado Choncociguatepe (“hermano de la luna”).
Según dice una de las leyendas más antiguas de la isla, Ometepe nació tras la trágica historia de amor entre la india Ometepetl y el príncipe Nagrando, dos jóvenes que pertenecían a tribus enfrentadas. Al ser perseguidos por sus padres, decidieron terminar con su vida y murieron a pocos metros uno del otro: de Ometepetl nació la Isla de Ometepe y de Nagrando surgió la Isla Zapatera, ambas en el gran Lago de Nicaragua.

Hechos inexplicables

Ometepe es la isla más grande del mundo en agua dulce. Está situada en el departamento de Rivas, a 150 km de Managua y se accede por ferry o lancha desde Granada (cuatro horas de viaje), San Jorge (a una hora) y San Carlos (a diez horas). Vista desde arriba, tiene forma de ocho y en cada uno de sus centros tiene un volcán. Está dividida en dos municipios: Moyogalpa (Cotzingalpa “Pueblo de los Mosquitos”) y Altagracia (Astagalpa “Nido de Garzas”). La gente es muy tranquila y cordial, los alojamientos son fincas manejadas por cooperativas o por familias locales.
Ambos volcanes se pueden escalar, se puede salir a remar por el Lago y nadar en el Ojo de agua, una pileta formada por agua natural, rodeada de vegetación.En el interior del Madera existe una laguna de 300 metros de longitud y hasta nueve metros de profundidad. Muchos ometepinos afirman que una noche de verano se produjo un acontecimiento insólito en esta laguna: una esfera de luz blanca salió del interior del volcán, iluminó su cumbre y pudo ser observada desde toda la isla, luego se elevó y se perdió entre las nubes. Más tarde comprobaron que no se había tratado de ningún movimiento sísmico y automáticamente adjudicaron el hecho a Chico Largo.

Durante nuestros cuatro días en la Isla no nos cruzamos con ninguna aparición ni tuvimos contacto con presencias fantasmales o diabólicas (aunque tampoco caminamos demasiado de noche). Lo que sí vimos, a montones, fueron lagartos, vacas y cerdos. Y todavía no entendemos muy bien por qué, pero nuestros aparatos electrónicos comenzaron a desvariar: a mi amiga se le reseteó completamente el celular, a mí se me borraron los 20 gb de mi mp3 y a otro chico le dejó de funcionar la cámara de fotos. Tal vez haya algún campo magnético misterioso, o quizá todo sea obra de Chico Largo.


Texto e imágenes: Aniko Villalba © 2008