Finalmente, después de ocho meses de recorrer el continente,
entré a territorio maya. Ubicada en el noroeste de Honduras,
casi en el límite con Guatemala, Copán no fue solamente una
ciudad de gran importancia ceremonial y política, sino también
uno de los principales centros artísticos y científicos de
la antigua civilización mesoamericana. Para los viajeros
que anden por Centroamérica, Copán es una de las paradas
fundamentales dentro de la extensa Ruta
Maya que abarca grandes
áreas de Honduras, Guatemala, El Salvador, Belice y el sur
y sudeste de México.
Creo que para disfrutar verdaderamente de este circuito
(y no verlo, como dicen algunos, como “otra colección de
piedras”) hay que conocer mínimamente la historia de los
mayas. A diferencia de los incas en Sudamérica, los mayas
nunca desaparecieron: sus descendientes siguen habitando
partes de esta extensa región, mantienen algunas de sus
tradiciones (aunque en muchos casos se han mezclado con
las costumbres españolas) y hablan uno de los 44 dialectos
maya, además de español. Pero hay que hacer una diferenciación:
las ruinas que conforman la Ruta Maya son el legado de
la antigua civilización precolombina que floreció y decayó
hace miles de años. Es difícil resumir más de 2000 años
de historia ya que los mayas atravesaron distintos estadíos
según la región de Mesoamérica en la que se encontraran,
pero a grandes rasgos se puede afirmar que la civilización
maya pasó por tres períodos claramente diferenciados.
Algo de historia
Entre el 2000 a.C. y el 300 d.C., época conocida como
preclásica, los mayas formaron pequeñas comunidades sedentarias
dedicadas al cultivo y la caza. Desde temprano ofrecieron
culto a los dioses de la naturaleza, construyeron sus famosas
pirámides escalonadas y se dedicaron al estudio y desarrollo
de la astronomía.
El período clásico (250 – 900 d.C) marcó el apogeo de
esta civilización: los mayas llegaron a conformar una de
las sociedades más densamente pobladas y culturalmente
dinámicas del mundo. Demostraron conocimientos muy avanzados
en matemática y astronomía y desarrollaron un sistema de
escritura por jeroglíficos, uno de los más sofisticados
del hemisferio occidental. Durante esta época hubo también
un gran desarrollo intelectual, artístico y arquitectónico;
muchos consideran al arte maya de este período como la
más bella y sofisticada del continente.
Con el aumento de la población comenzaron a realizarse
construcciones a gran escala y así surgieron importantes
ciudades-estado como Tikal (en lo que hoy es Guatemala),
Palenque (en México) y Copán (en Honduras). Cada ciudad
era independiente y manejada por su propio gobernante;
cada sociedad contaba con su propia zona de cultivo, su
centro ceremonial, su campo de pelota y su sector de viviendas.
Los restos más notables de esta época son las pirámides
escalonadas construidas en los centros religiosos, los
palacios de los gobernantes y las estelas (esculturas hechas
en honor a sus reyes).
Entre el 790 y 889 d.C., parte de los asentamientos maya
empezaron a colapsar: la construcción de templos, palacios
y monumentos cesó; los mayas abandonaron varias ciudades
y la población disminuyó drásticamente (se estima que pasó
de tres millones a 450.000 en menos de un siglo), especialmente
en las tierras bajas del centro y del sur de la región.
Aunque las causas siguen siendo un misterio, entre las
explicaciones posibles se habla de desastres naturales,
enfermedades, agotamiento de las tierras de cultivo, revueltas
campesinas, guerras internas e invasiones externas.
Pero mientras tanto las ciudades del norte de la región
seguían con su desarrollo normal. Del siglo X al XVI, durante
el período postclásico, las ciudades maya del Yucatán (hoy
territorio mexicano) como Chichén Itza, Uxmal, Edzná y
Cobá siguieron creciendo. Durante un tiempo una de las
dinastías gobernó toda la península, hasta que en 1450
una revuelta puso fin a ese dominio y el área pasó a ser
una agrupación de ciudades-estado enfrentadas entre sí.
Para 1697 los españoles ya habían adquirido el control
total de la región. La civilización maya sigue viva en
sus descendientes, aunque muchos elementos de la cultura
tradicional se fueron mezclando con las costumbres españolas
y dieron lugar a nuevas manifestaciones.
Ciudad artística
Por su ubicación, Copán puede ser tanto la puerta de entrada
como de salida de la Ruta Maya. Se accede desde Copán Ruinas,
un cálido pueblito de casa bajas, calles de piedra, barcitos
y montañas que también vale la pena explorar. Si para muchos
Tikal (en Guatemala) fue “la Nueva York de los mayas”,
otros están de acuerdo en afirmar que, por su importancia
artística y cultural, Copán fue el París de esta civilización.
Aunque el complejo de ruinas puede recorrerse en pocas
horas, hay muchísimas cosas para ver y descubrir. Tal vez
los restos más importantes descubiertos en el área son
las estelas: grandes bloques de piedra (entre 3 y 5 metros
de altura y dos o tres metros de diámetro) esculpidos para
retratar y honorar a los gobernantes y para relatar, a
través de jeroglíficos, hechos históricos de su vida. En
Copán se descubrieron más de 4500, aunque muchas de las
que se exhiben al público son réplicas.
Otro hallazgo de muchísima importancia e interés histórico
es la Escalinata de los jeroglíficos, una escalera de 63
escalones conformada por más de 1500 bloques tallados que
narran la historia de uno de los mayores reyes de Copán
y de la ciudad en sí. Es el texto precolombino más extenso
que se ha encontrado en América, representa algo así como
“una enciclopedia maya”. Lamentablemente muchos escalones
se dañaron o se movieron de su ubicación original, lo que
ha dificultado aún más su desciframiento.
Juegos, museos y templos
Otro sector interesante es el campo de pelota, el área
donde los mayas practicaban un deporte de gran importancia
social y mitológica. El juego de pelota fue practicado
por muchas civilizaciones centroamericanas, por lo que
las reglas variaban de un sector a otro. Los mayas consideraban
este juego un ritual y al campo de juego como un lugar
de transición entre la vida y la muerte: era muy común
que el perdedor fuera decapitado frente a los espectadores.
Además de las ruinas en sí recomiendo visitar el museo
adyacente (la entrada a ambos lugares cuesta 22 dólares
y se puede recorrer todo en un día). Dentro del museo hay
muchísimas esculturas originales que muestran aún más rasgos
de la cosmovisión de los mayas y demuestran lo talentosos
que fueron artísticamente. Hay también una impresionante
réplica a escala real del Templo de Rosalila que fue descubierto
en 1989 bajo tierra y copiado por artesanos locales para
poder ser exhibido al público. Los templos construidos
por los mayas eran dedicados a los gobernantes de turno
y generalmente cuando el rey cambiaba el último templo
era destruido y reemplazado por otro. Rosalila, al parecer,
fue considerado tan sagrado por los mayas que fue dejado
intacto.
La Ruta Maya es extensa y hay muchísimo para ver. Aquellos
que anden por Guatemala, México, Belice, Honduras y/o El
Salvador no deberían perderse la oportunidad de conocer
las ruinas y la historia de esta fascinante civilización.
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