28.06.2009 - Pasajera en tránsito



Mi viaje empezó un día después de lo planeado. Qué pasó, de todo, primero y principal: la bendita niebla. Tuvieron que desviar el avión de TACA que llegaba de Lima hacia Aeroparque a causa de la niebla (yo tenía que tomar ese avión para hacer conexión en Lima y de ahí volar directo a Guatemala) y finalmente suspendieron el vuelo. Así que otra vez a casa, a dormir y esperar para salir el domingo a las 6.

El vuelo que tomé hoy hizo escala en Lima y en San José de Costa Rica, dos ciudades muy distintas que conocí el año pasado en mi otro viaje, una más árida, la otra exuberante, ambas muy interesantes. En los dos aeropuertos pensé, otra vez por acá... siento que vengo a completar lo que me faltó conocer el año pasado (la otra vez llegué hasta Honduras). Ya llegaré a México algún día...

Mientras volaba en el avión número uno leí algo que me pareció interesante acerca de un fenómeno que ya conocía pero al que nunca le había puesto un nombre: los flashpackers. Al parecer, los flashpackers son los backpackers del siglo 21: se hospedan, comen y se transportan como mochileros (es decir, gastando lo menos posible), pero viajan con computadoras portátiles, cámaras digitales, celulares, mp3 y siempre se conectan a internet para actualizar sus blogs, subir fotos y videos para compartir sus experiencias de viajes con familiares y amigos. Hola, me llamo Aniko y soy flashpacker (?).

En el avión número dos decidí empezar Ébano, el libro en el que Ryszard Kapuściński, periodista, corresponsal y escritor polaco, relata sus viajes por África. Entre muchísimas cosas interesantes, dice algo que viene muy al caso: "Hace tiempo, cuando los hombres atravesaban el mundo a pie o a caballo, el viaje los iba acostumbrando a los cambios. El hombre tenía tiempo de familiarizarse con ambientes diferentes, con nuevos paisajes. El clima también cambiaba gradualmente, poco a poco. ¡Hoy no queda nada de aquellas gradaciones! El avión arrebata violentamente del frío glacial y de la nieve para lanzarnos, el mismo día, al abismo candente del trópico." Cuánta verdad, pensé mientras el capitán nos informaba que en San José de Costa Rica estaba haciendo unos 28 grados.

En el avión número tres estaba feliz y emocionada de estar llegando a Guatemala, así que todo me parecía espectacular, especialmente las nubes. Sí, nunca en mi vida vi nubes así, tan esponjosas, gordas y algodonadas que dan ganas de tirarse encima; parecían ese humo espeso que sale tras una explosión, como si hubiese quedado congelado en el cielo. Yo pensaba, qué buenas nubes que tienen en Guatemala. Supongo que son las que se forman en el pico de los volcanes.

Finalmente llegué a Guatemala City después de unas 10 horas de viaje total y dejé de ser una pasajera en tránsito (por el momento). Los vuelos fueron todos muy buenos y tranquilos, y por suerte me alimentaron en los tres aviones. El país ya me encantó desde el cielo. El color que predomina es el VERDE, así, bien fuerte; la geografía es montañosa y, según me dijeron, hay unos 30 volcanes en todo el país.

Estuve armando un itinerario posible. Para empezar, me vine directo a Antigua desde el aeropuerto, un pueblo chiquito, colonial, muy lindo (tiene ese nombre por ser la antigua capital de Guatemala). Todavía no recorrí mucho ni saqué fotos porque cuando llegué ya había oscurecido, así que mañana a primera hora salgo a caminar. Ah, acá en Guatemala es "invierno", y la temperatura promedio es arriba de 20 grados.

Texto e imágenes: Aniko Villalba © 2009-2010