12.07.2009 -  La maldición de Tikal (o: El dengue y yo, en cinco capítulos)


Ya ve... ¡A Tikal! ¡Todos iban a Tikal y aquicito se quedaron!

La enfermera me controla el suero y se ríe.

Uno que se rompió una pierna y ya no pudo ir, otro que necesitó cirugía y se quedó aquí internado varios días. ¡Todos se volvieron a su país, ninguno vio Tikal!

Las dos nos reímos de la situación, morbosa, irónica, triste. Esta vez me tocó a mí. “La Maldición de Tikal” como le digo yo. Estoy a muy pocos kilómetros de las ruinas mayas más imponentes y no voy a poder ir a visitarlas. Al menos no en este viaje. Lo que me consuela es pensar –o mejor, saber con total seguridad– que las ruinas no se van a mover de Guatemala al menos por un par de siglos más.

Sandra, una de las dos enfermeras que me atiende, me pregunta si algún día voy a volver a su país. Delo por hecho, no me voy a ir de este mundo sin haber visto Tikal, aunque probablemente sea en un par de años. Por ahora, nada de salir a caminar por ahí, a ver si me vuelve a picar el dengue.

Capítulo I: Fue el huevo
Capítulo II: Hay que internar
Capítulo III: Inseparables
Capítulo IV: ¡Enfermera! ¡Quiero ir al baño!
¡Enfermera! ¡Se me salió el suero! ¡Enfermeraaa! ¡Me aburro!

Capítulo V: Repatriación sanitaria



Texto: Aniko Villalba © 2009-2010