Y sí, era obvio que esto iba a pasar tarde
o temprano. Me voy de viaje y algo me agarra, aunque por
suerte esta vez no fue tan grave como la internación en
Bolivia.
Todo empezó el martes a la mañana cuando viajaba de Antigua
al Lago de Atitlán: hicimos una parada para sacar algunas
fotos y me picó un bicho abajo de la muñeca izquierda.
¿Qué bicho me pico? Nadie sabe. Cuando sentí que me estaba
clavando el ¿aguijón? ¿diente? ¿tenaza? me rasqué instantáneamente
y aplasté lo que parecía ser una inocente hormiguita negra,
así que no me preocupé demasiado. Enseguida la picadura
se me enrojeció un poco (lo cual me pareció normal) y a
lo largo del día se me fue hinchando (lo cual no me pareció
normal pero tampoco quería ser paranoica).
A la tarde, en San Marcos (Lago de Atitlán), se me había
formado una especie de bola de 5 cm de largo. Me dolía,
así que fui en busca de una farmacia (la única del pueblo).
Más que farmacia era un cuarto que daba a la calle y que
en vez de ventanas tenía un hueco enorme que hacía de mostrador
y una pequeña repisa con remedios. Le mostré la picadura
a la farmacéutica, le dije que tenía miedo de que fuera
algo venenoso, pero la señora me dijo que si hubiese sido
un bicho venenoso “ya me hubiese dado algo hace rato” y
acto seguido hizo como si tuviese un leve ataque epiléptico.
Me quedé un poco más tranquila... Tomé un antialérgico
y decidí esperar hasta la mañana siguiente.
Al día siguiente no sólo estaba más hinchado sino que
tenía la piel del brazo afiebrada y enrojecida. A lo largo
del día observé como la hinchazón se apoderaba de una mayor
superficie de mi brazo hasta llegar desde la muñeca hasta
cerca del codo. Como me dio miedo y me puse a pensar que
iban a tener que amputarme el brazo a causa de una infección
no curada a tiempo (soy exagerada, sí) decidí comunicarme
con mi seguro médico (algo que probablemente debería haber
hecho desde el principio). Así que hablé con los señores
de EuropAssistance y les pedí que me derivaran a algún
hospital en Chichicastenango, pueblo donde me encontraba
en ese momento.
Y así fue como terminé en El Buen Samaritano, un hospital
evangélico que quedaba a la vuelta de mi hotel. Eran las
9 de la noche así que tuvieron que atenderme de emergencia.
Me vio una doctora muy amable y me dijo que tenía una reacción
alérgica a causa de la picadura. Tuvieron que darme una
linda inyección de antihistamínico (ouch) y un turno para
controlarme al día siguiente.
Por suerte a la mañana siguiente ya se me había pasado
todo, así que la médica me recetó un antialérgico y pude
disfrutar, mucho más tranquila, del mercado indígena más
importante de Guatemala.
Consejo: no viajen sin seguro médico!!!
Y al que descubra qué bicho me picó le regalo un auténtico
repelente de insectos made in Guate.
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