03.07.2009 - Mi experiencia en el Hospital Evangélico de Chichicastenango

Y sí, era obvio que esto iba a pasar tarde o temprano. Me voy de viaje y algo me agarra, aunque por suerte esta vez no fue tan grave como la internación en Bolivia.

Todo empezó el martes a la mañana cuando viajaba de Antigua al Lago de Atitlán: hicimos una parada para sacar algunas fotos y me picó un bicho abajo de la muñeca izquierda. ¿Qué bicho me pico? Nadie sabe. Cuando sentí que me estaba clavando el ¿aguijón? ¿diente? ¿tenaza? me rasqué instantáneamente y aplasté lo que parecía ser una inocente hormiguita negra, así que no me preocupé demasiado. Enseguida la picadura se me enrojeció un poco (lo cual me pareció normal) y a lo largo del día se me fue hinchando (lo cual no me pareció normal pero tampoco quería ser paranoica).

A la tarde, en San Marcos (Lago de Atitlán), se me había formado una especie de bola de 5 cm de largo. Me dolía, así que fui en busca de una farmacia (la única del pueblo). Más que farmacia era un cuarto que daba a la calle y que en vez de ventanas tenía un hueco enorme que hacía de mostrador y una pequeña repisa con remedios. Le mostré la picadura a la farmacéutica, le dije que tenía miedo de que fuera algo venenoso, pero la señora me dijo que si hubiese sido un bicho venenoso “ya me hubiese dado algo hace rato” y acto seguido hizo como si tuviese un leve ataque epiléptico. Me quedé un poco más tranquila... Tomé un antialérgico y decidí esperar hasta la mañana siguiente.

Al día siguiente no sólo estaba más hinchado sino que tenía la piel del brazo afiebrada y enrojecida. A lo largo del día observé como la hinchazón se apoderaba de una mayor superficie de mi brazo hasta llegar desde la muñeca hasta cerca del codo. Como me dio miedo y me puse a pensar que iban a tener que amputarme el brazo a causa de una infección no curada a tiempo (soy exagerada, sí) decidí comunicarme con mi seguro médico (algo que probablemente debería haber hecho desde el principio). Así que hablé con los señores de EuropAssistance y les pedí que me derivaran a algún hospital en Chichicastenango, pueblo donde me encontraba en ese momento.

Y así fue como terminé en El Buen Samaritano, un hospital evangélico que quedaba a la vuelta de mi hotel. Eran las 9 de la noche así que tuvieron que atenderme de emergencia. Me vio una doctora muy amable y me dijo que tenía una reacción alérgica a causa de la picadura. Tuvieron que darme una linda inyección de antihistamínico (ouch) y un turno para controlarme al día siguiente.

Por suerte a la mañana siguiente ya se me había pasado todo, así que la médica me recetó un antialérgico y pude disfrutar, mucho más tranquila, del mercado indígena más importante de Guatemala.

Consejo: no viajen sin seguro médico!!!

Y al que descubra qué bicho me picó le regalo un auténtico repelente de insectos made in Guate.

Texto e imágenes: Aniko Villalba © 2009-2010