Antigua (o "La Antigua Guatemala") es un pueblo
chiquito, colonial, pintoresco. Los guatemaltecos están
orgullosos de este lugar, y tienen toda la razón, es un
pueblito mágico, en muchas maneras similar a otras ciudades
coloniales de Centroamérica como Granada o León (Nicaragua).
Pero a pesar de las similitudes, Antigua tiene personalidad
propia. Todo el tiempo hay gente en la calle, tanto locales
como turistas; sin embargo, por momentos pareciera que
acá no pasa nada... Es que lo importante está en los detalles.
En Antigua la gente saluda. Si uno va caminando por la
calle y se cruza con alguien, por más desconocido que sea,
intercambia aunque sea un "buenos días/buenas tardes".
Algo que en una ciudad parecería raro, acá es normal e
incluso sería descortés no hacerlo. Los locales saludan
a los turistas -sabiendo obviamente que no son del lugar-
con un "hola" y siguen caminando. La gente es
amable y alegre, si uno hace una pregunta, intentan ayudarlo
de la mejor manera posible.
En Antigua hay color. Las casas están pintadas con todas
las gamas de rojo, amarillo y azul, desde el arena hasta
el terracota, pasando por el azul francia y el turquesa.
Algunas construcciones están mucho mejor conservadas que
otras y no debe haber ninguna casa que tenga más de dos
pisos. El color también está en la ropa de las mujeres
indígenas que se visten con sus polleras largas, camisas
bordadas y telas coloridas. Y, por supuesto, el color explota
en la enorme cantidad de artesanías que se ofrecen por
todo el pueblo: ropa, gorros, muñecos, alfombras, almohadas,
cubrecamas, collares, pulseras, carteras, máscaras, instrumentos,
cuadros, billeteras...
En Antigua hay ruido. Este pueblo no es silencioso, constantemente
hay música, ya sea de algún bar o local o de camionetas
que circulan haciendo algún tipo de publicidad. Hoy escuché
desde Enrique Iglesias hasta Britney Spears, pero nada
de Arjona (casi un prócer para los guatemaltecos). Y si
no es música, el ruido proviene de la bocina de los autos
y del ir y venir de las motos.
En Antigua puede no haber mucho para hacer, pero una de
las mejores actividades es sentarse en un banco del Parque
Central y mirar. Lo más probable es que a los pocos minutos
alguien se acerque a entablar conversación. Hoy, mientras
observaba a una mujer maya con sus hijas, la más chiquita
vino hasta mi banco para ofrecerme collares. Le dije que
eran muy lindos pero que en ese momento no iba a comprar.
Me miró con los ojos abiertos y me preguntó por qué no
hablaba inglés. Le dije que venía de Argentina, un país
donde se habla castellano y le pregunté si ella sabía hablar
inglés. Me dijo que sí pero que no podía hablar mucho y
se fue corriendo a donde estaba su mamá.
Dicen que Antigua no se parece al resto de Guatemala,
que no es un lugar auténticamente guatemalteco. Ya veré...
Mañana me voy temprano hacia el Lago de Atitlán y el jueves
estaré haciendo compras en uno de los mercados más grandes
de América latina: el de Chichicastenango.
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