Cuando uno lee las condiciones de cobertura del seguro
médico se choca con términos que cree que jamás se van
a materializar. Nosotros, seres inmortales, nunca vamos
a necesitar algo como una repatriación sanitaria... Eso
es para personas con mala suerte que tienen que volver
a su país en camilla en vez de en avión. Pero bueno, hay
que estar cubierto ¿no?
Sé que lo del dengue puede resultar chocante, pero finalmente
resultó ser lo menos grave de la situación. El dengue me
provocó molestias como la fiebre y la debilidad general,
pero se me fue solo, gracias al suero y el descanso; como
es un virus no existe ningún antibiótico para combatirlo.
Lo peligroso es cuando se convierte en dengue hemorrágico,
pero incluso eso puede ser frenado a tiempo.
Las que me hicieron sufrir fueron las amebas, tanto que
debería cambiar el título de este relato a "Las amebas
y yo". Cuando la doctora me dijo que tenía amebas
nadando en el estómago, inmediatamente me imaginé unas
mini medusas haciendo acrobacias acuáticas en mi cuerpo...
En Argentina estos parásitos no son tan conocidos ya que
acá no es común contraerlos, pero en Centroamérica están
por todos lados, especialmente en los líquidos. ¿Sabían
que las amebas son inmortales? Al menos eso leí... Son
parásitos que no se van aunque uno los eche, y si uno los
deja desarrollarse demasiado tiempo (meses) pueden enquistarse
y perforarnos el hígado. A veces las cosas que parecen
más insignificantes son las que más nos lastiman. Por suerte
a mí me las desalojaron a tiempo.
Así que el lunes, cuando me informaron el diagnóstico me
dijeron que iba a tener que quedarme internada por lo menos
hasta el jueves. iupi. Al principio quise teletransportarme
a Buenos Aires, soñaba con despertarme y aparecer en mi
cama. Pero como estaba demasiado débil para viajar, no
me quedó otra opción que descansar, reponerme y tratar
de pasarla lo mejor posible, dadas las circunstancias.
Muchos deben pensar que esto me arruinó el viaje o que
me sacó las ganas de seguir viajando. PARA NADA. Todo es
experiencia, y aunque no se lo recomiendo a nadie, no me
arrepiento ni tengo bronca por lo que me pasó. Al contrario,
creo que estas cosas me demuestran que somos muy frágiles
y que dependemos unos de otros para sobrevivir. También
me enseña a tener un poco más de cuidado y a dejar de pensar
que nunca me va a pasar nada. Podría haber sido mucho peor.
Nada ni nadie me va a sacar las ganas de viajar y conocer,
¡mucho menos un mosquito o una ameba!
Y Tikal... siempre estará ahí. Ya voy a volver.

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