Mi entrada a Costa Rica fue, hasta ahora, la más complicada.
Salí temprano de Bocas del Toro (Panamá) para poder cruzar
la frontera Guabito-Sixaola antes del mediodía y llegar
de día a San José (son unas 8 horas entre un lugar y otro).
En la ventanilla de migraciones de Costa Rica me atendió
una mujer y lo primero que me preguntó era si iba para
Nicaragua. Cuando le dije que sí me pidió que le mostrara
mi boleto de salida de Costa Rica, le dije que no tenía
porque estaba viajando por tierra y lo iba a comprar recién
en la próxima frontera, entonces me exigió que le mostrara
mi pasaje de vuelta a Buenos Aires. Le respondí que tampoco
tenía porque no sabía exactamente desde qué parte de México
iba a volver ni en qué fecha. “Si no tiene tiquete de regreso
a su país no la puedo dejar entrar a Costa Rica”, le volví
a explicar que viajaba por tierra y sin fecha exacta de
vuelta, pero insistió: “Entonces vaya a internet y reserve
un aéreo a Argentina”. Le dije que era imposible hacer
un trámite así en cinco minutos: “Bueno, vaya a la farmacia
de al lado y cómprese el boleto más barato que haya hacia
Panamá o Nicaragua, sino no puedo ponerle sello de entrada,
es la ley. ¡El que sigue!”. Así que fui con resignación
a comprar un pasaje que solamente me iba a servir para
poder entrar al país. Pero la ley es la ley y sin pasaje
no se cruza, aunque a los que llegan en avión, según estuve
preguntando, no les exigen nada.
La Suiza de Centroamérica
Costa Rica es distinto al resto de los países de Centroamérica.
Muchos mochileros que me fui cruzando, en su mayoría europeos,
me contaron que directamente se saltearon Costa Rica porque
les parecia “muy caro”; una estadounidense incluso me dijo
que era más caro que Estados Unidos (!). Por su estabilidad
política la llaman la Suiza de Centroamérica, Costa Rica
tiene una de las democracias más antiguas de América y
fue el primer país en abolir el ejército en 1948. Por estas
razones, así como por su clima cálido, sus playas y sus
paisajes, muchísimos estadounidenses deciden venir aquí
a retirarse. Esto favorece muchísimo al turismo pero también
hace que todo esté a precio dólar.
Los hostales están alrededor de 10 dólares la noche (más
o menos lo mismo que Colombia, pero más caro que en Perú
y Ecuador), el transporte urbano y de larga distancia es
barato (mucho más que en Colombia por ejemplo), pero la
comida es cara. Un “casado” (como llaman al almuerzo más
básico que consiste en un plato de arroz, ensalada y papas
junto con una porción de carne, pollo o pescado) que en
otros países cuesta entre 1 y 2 dólares, acá está entre
3 y 5 (como muy barato).
Por las calles de Costa Rica
Costa Rica tiene algo muy peculiar que le complica la
vida a los extranjeros: las calles no tienen nombre ni
numeración (y no es un chiste). En San José, algunas de
las avenidas más importantes tienen denominación (Calle
1, Calle 2, etc), pero es muy raro que los ticos (costarricenses)
se refieran a una dirección por su nombre. Las indicaciones
son al estilo “200 metros al norte del McDonald's, al lado
de la casa de techo rojo” o “300 metros al sur del antiguo
higuerón —¡un árbol que ya no existe!—, frente al RostiPollo”.
Esto, para alguien que viene de afuera y está acostumbrado
a encontrar las casas gracias a la numeración, es una pesadilla.
Por más que uno busque, los números no existen, todas las
casas se ubican porque están cerca de tal o cual negocio
o restaurante. Incluso para pedir un taxi o delivery se
les indica de esta forma, y a los ticos les funciona porque
conocen muy bien sus ciudades.
Este “orden” termina siendo insólito y bastante cómico.
Si en Buenos Aires usáramos este sistema jamás encontraríamos
nada (¿alguien se imagina pedir un taxi para “un edificio
a 350 metros al este del obelisco, al lado de las oficinas
con portón blanco y puertas blindadas”?), pero en Costa
Rica funciona y los 4 millones de ticos no podrían ubicarse
de otra manera. En San José, además, casi no hay espacio
para los peatones, las veredas son muy angostas y todos
circulan por la ciudad en camionetas o colectivos, por
eso la noción de las distancias cambia (cuando pido indicaciones
en la calle me recomiendan tomar taxis para ir a lugares
que quedan “muy lejos, como a 600 metros”).
Por las calles de Sudamérica...
El tema de las calles es algo fundamental para los viajeros
que quieren conocer los pueblos y ciudades del país al
que llegan. Yo suelo recorrer todos los lugares a pie,
siguiendo un mapa o mi intuición, y puedo dar fe que de
Bolivia hasta acá me topé con las maneras más insólitas
de ordenar las calles.
En ciertas ciudades de Bolivia, por ejemplo, las calles
cambian de nombre en cada esquina, entonces las avenidas
pueden tener unos 7 u 8 nombres de una punta a la otra
(y no son avenidas demasiado largas). En Oruro descubrí
que la numeración es totalmente arbitraria y no sigue ningún
tipo de lógica: en una misma cuadra se alzaba el edificio
con el número 3460, vecino de una casa ubicada al 540 y
de un banco al 9807. Todos a pocos metros de distancia.
Perú no fue tan complicado: todos los nombres corresponden
a algún departamento o ciudad del país, a un prócer o político
peruano, a una fecha importante o al resto de los países
de América. Bastante parecido a Argentina. La diferencia
es que todas las ciudades tienen alguna calle nombrada
en honor a un líder inca. En ciertos sectores, como por
ejemplo en los alrededores de la Plaza de Armas de Cusco,
las calles cambian de nombre en cada esquina (literalmente)
y ahí sí se hace difícil encontrar lo que se busca.
En Ecuador los nombres corresponden más que nada a personajes
ilustres del país y las calles son las mismas en todas
las ciudades (Bolívar, Sucre, Colón, Olmedo, Maldonado,
Montalvo...). En Guayaquil se me hizo difícil encontrar
una casa que estaba ubicada la manzana 3 de la 12va etapa
del complejo de viviendas Sauces 1, pero después de dar
unas vueltas manzana y preguntar por ahí, llegué.
Colombia, al principio, me confundió,pero cuando me explicaron
el sistema me pareció uno de los más simples y mejor organizados.
Una dirección típica de ese país es, por ejemplo, Calle
12-17 # 45. De norte a sur corren las Calles (la 1, la
2, la 3...) y, perpendicularmente, se ubican las Carreras
(también numeradas del 1 al número que sea necesario).
Entonces la dirección anterior se leería así: Calle 12
con esquina de la Carrera 17, a la altura 45. Es imposible
perderse, solamente hay que saber hacia qué lado suben
los números y uno puede llegar a cualquier lado.
Ser un peatón en América latina es toda una experiencia:
varias veces, preguntando en la calle cómo llegar a cierto
lugar, me mandaron a tres direcciones distintas; pero muchísimas
otras me ayudaron con la mejor de las predisposiciones
e incluso me hicieron mapas de lo más detallados para que
no me perdiera, y hasta ahora siempre logré llegar al lugar
que buscaba. Solamente es cuestión de entrar en la lógica
de cada país, comprender la organización (o, para algunos,
“desorganización”) de cada ciudad y pensar y actuar como
un local.
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