[COLOMBIA] Cuatro maravillas colombianas

Para que Colombia deje de ser sinónimo de guerrilla y narcotráfico. Para que al decir Colombia no nos invada el fantasma del secuestro. Para mostrar que Colombia es mucho más que lo que se dice de ella. Para que todos sepan que Colombia también es naturaleza, es arte, es historia, es alegría, es música, es devoción. Acá van cuatro lugares que son, a mi parecer y cada uno a su manera, maravillas de este lindo país sudamericano. Están listados en el orden en que los fui conociendo.

1. La Catedral de Sal de Zipaquirá (en el departamento de Cundinamarca, a 49 km de la ciudad de Bogotá)

De los cuatro, este es el único sitio que fue formalmente nombrado "Primera maravilla de Colombia". Si hay algo que uno se cansa de ver en Sudamérica (y lo digo con todo respeto) son museos e iglesias. Aunque la abundancia de ambos habla muy bien del continente -son un reflejo de la fe y de la importancia histórica y arqueológica de cada país- muchas veces su estructura y su temática se repite pueblo tras pueblo. Cuando me comentaron que a pocos kilómetros de Bogotá existía una catedral imponente no voy a negar que pensé "otra iglesia más", pero cuando me dijeron que estaba bajo tierra y hecha de sal, me dio curiosidad. Así que decidí ir en el día a Zipaquirá, ciudad donde se encuentra esta peculiar construcción.

Para conocer la iglesia hay que ingresar primero al Parque de la Sal, un parque temático de 32 hectáreas dedicado a la minería. Allí, un guía acompaña a los visitantes durante un recorrido de una hora por la Catedral. La historia es la siguiente. La primera catedral de sal fue construida en 1950 por los mineros de Zipaquirá, dentro de las minas donde trabajaban, en honor a la Virgen del Rosario de Guasa, su patrona. A principios de los '90 fue clausurada por inseguridad, ya que había un filtramiento de agua y ciertas fallas estructurales. En 1995 se inauguró la nueva catedral, esta vez erigida con ayuda de un grupo de arquitectos, pero manteniendo el estilo, estructura y espíritu de la antigua.

La Catedral de Sal está construida a 120 metros de profundidad y ocupa unos 8500 metros cuadrados, además ostenta en su interior la cruz subterránea más grande del mundo (16 metros de altura). La Catedral está dividida en tres grandes sectores: el vía crucis, las tres naves y el conjunto conformado por la cúpula, el coro, los balcones y el nartex o laberinto. Lo interesante de esta catedral es la gran simbología que encierra en cada uno de sus elementos y rincones, ninguna construcción o disposición está librada al azar: por ejemplo, las llamadas "naves" son tres pasillos que simbolizan las tres etapas en la vida del hombre (el nacimiento, la vida y la muerte) también hay cuatro inmensas columnas que representan a lo cuatro evangelistas.

El hecho de estar bajo tierra y dentro de una montaña, la oscuridad, el techo alto, el silencio, todo se une para crear un clima de respeto y meditación. En esta iglesia se puede sentir verdaderamente la fe de sus antiguos mineros.

2. El Valle de Cocora y sus famosas palmas de cera (Salento, departamento de Quindío)

Uno de los sectores más recomendados para visitar de Colombia es el llamado Eje Cafetero: una zona conformada por varias ciudades y pueblitos (entre ellos Armenia, Pereira y Manizales) situados en el "triángulo" formado entre Cali, Bogotá y Medellín. Esta zona, como su nombre lo indica, se dedica a la plantación y cultivo de café a gran escala y es uno de los destinos favoritos de los colombianos. Un colombiano que anteriormente se dedicó a recorrer su país (y hoy puso su propio hostal) me recomendó que fuera específicamente a Salento.

Salento es un pueblo de aproximadamente 8000 habitantes ubicado a una hora de Armenia, una de las ciudades más importantes del eje. En Salento existen varias plantaciones de café, pero el mayor atractivo está a 11 kilómetros del pueblo: el Valle de Cocora.

Vacas, caballos, pequeñas fincas, montañas y mucho verde dan un aire de cuento a este lugar. Según dicen, caminar por el Valle es como estar en un pueblito de Suiza (y yo hice el recorrido con una suiza que me confirmó esta similitud), aunque con una pequeña diferencia: dispersadas por todo el Valle están las renombradas palmas de cera. Este árbol fue descubierto en 1810 por el naturista Alexander Von Humboldt, quien se sorprendió por la altura de estas palmas que parecían formar "un bosque por encima del bosque". Lo particular de este tipo de palmera es que es exclusiva de los andes colombianos, crece a 2500-3000 m.s.n.m. y puede alcanzar los 60 metros de altura. Fue declarada árbol nacional de Colombia y símbolo patrio del país y es también el hogar y refugio del loro orejiamarillo, un ave en peligro de extinción. Lamentablemente la palma de cera también se encuentra en peligro de desaparecer debido a su explotación indiscriminada, especialmente en la época cercana a Semana Santa cuando se talan para utilizar sus hojas como ramos. Es muy triste que se esté destruyendo un lugar de tanta belleza como es este valle escondido.

3. Medellín y la Plaza de las Esculturas (Medellín, departamento de Antioquia)

Tal vez muchos no la consideren una maravilla en sí, pero esta ciudad tiene algo de maravilloso en sus construcciones y en su ambiente alegre y amigable. Conocida mundialmente por Pablo Escobar y su famoso cartel, Medellín es un lugar que realmente me sorprendió. Por cuestiones de tiempo estuve solamente unas horas (llegué a las 6 de la mañana y me fui a las 8 de la noche), pero aproveché para caminar un poco por el centro y conocer ciertos lugares de la ciudad que me interesaban.

Cuando llegué a la Plaza de las Esculturas, a las 8 de la mañana y con mucho sueño, me olvidé instantáneamente del cansancio y quedé boquiabierta al ver las esculturas del famoso artista colombiano Fernando Botero. La colección de esculturas está ahí, al aire libre, decorando una de las plazas de la ciudad y es, en mi opinión, un museo al aire libre. Botero es un artista que conocía pero que descubrí realmente en este país tras ver su obra en los museos de Bogotá y Medellín.

Me faltó conocer bastante de Medellín como para hacerme una idea más acabada de la ciudad, pero la verdad es que me gustaron muchísimo sus construcciones modernas, sus parques y sobre todo su ambiente. Tuve la suerte de pasar un domingo en esta ciudad y pude sentir cómo viven los colombianos este día. Toda la gente estaba en las calles, la peatonal del centro estaba repleta y a lo largo de sus ocho cuadras había pequeños escenarios con shows de música y baile. Del interior de los bares y restaurantes salía el sonido del tango (al parecer muy popular en esta ciudad) y por la calle vendedores ambulantes ofrecían frutas y arepas. Fue un domingo muy alegre, a diferencia de muchos de los que viví en otras ciudades y pueblos donde las calles quedaban vacías y todas las puertas permanecían cerradas. En Medellín, ni siquiera la lluvia arruinó la alegría del fin de semana.

4. El Parque Natural Tayrona (departamento de Magdalena, en la costa del mar Caribe)

El Parque Tayrona es "el" parque nacional de Colombia. Ubicado en la costa del mar Caribe, sus 15 mil hectáreas fueron alguna vez el hogar del antiguo pueblo de los Tayrona. Lo exótico de este parque es que en él se une la selva tropical con la playa caribeña. El parque está a unos 45 minutos en colectivo de la ciudad de Santa Marta; al ingresar hay que caminar unos 45 minutos a través de la selva para llegar a la primera playa llamada Arrecifes. Desde ahí, a 20 minutos de caminata está La Piscina, una playa ideal para hacer buceo, y a otros 20 minutos está el Cabo San Juan, una tercera playa donde la mayor parte de los turistas se queda a pasar la noche. El agua es celeste transparente y la arena es muy clara, realmente un paraíso. La sensación de estar durmiendo en un lugar que es parte playa y parte selva no tiene precio (¡y más si es en una hamaca paraguaya!). A una hora y media de caminata del Cabo está Pueblito, un sector donde aún se conservan viviendas de los tayrona.

Texto e imágenes: Aniko Villalba © 2008