[BOLIVIA] Razones por las que no me voy a olvidar de La Paz…


1. Porque llegar de noche y ver todas las luces de la ciudad, una al lado de la otra, formando el relieve irregular de La Paz es algo que no vi nunca en mi vida. Los colectivos llegan a El Alto y comienzan su descenso por la ladera de las montañas hacia la ciudad, ubicada en el centro, en un valle a más de 3000 metros de altura. Desde arriba, por la ventana del auto o colectivo se pueden ver cientos de casitas, una pegada al lado de la otra, todas del mismo color ladrillo, formando una topografía irregular e hipnotizante. Llegar a La Paz es una experiencia deslumbrante, tanto de día como de noche.

2. Porque el día que llegamos todavía era Carnaval y recibimos varias bombitas de agua de bienvenida. Como era feriado, las calles estaban vacías y los chicos se asomaban por las terrazas en busca de su próxima víctima. Esa misma noche salimos a caminar y fuimos por una peatonal donde había hombres tocando instrumentos de viento y tambores y cholas bailando. Acá cada cual festeja Carnaval a su manera.

3. Porque en toda la ciudad hay subidas y bajadas y uno no sabe qué se va a encontrar en la próxima esquina. Caminando el segundo día llegamos a la plaza de gobierno, que apareció de la nada, y caminando un poco más llegamos a la iglesia principal. Y así, caminando, uno va descubriendo todo tipo de mercados, negocios y paisajes. Una vez abajo, uno descubre que se queda sin aire muy fácilmente: los efectos de la altura hacen que cualquier que no esté acostumbrado se apune (por suerte existen varios métodos para combatir el famoso sorochi). Después de unos días uno se acostumbra a las subidas y bajadas constantes, en La Paz no parece haber una calle que sea recta. Lo mejor para recorrerla es caminar: detrás de cada pendiente uno puede encontrarse con todo tipo de sorpresa: mercados, negocios, iglesias, parques, miradores...

4. Por sus contrastes. Esto es algo que estoy notando en todas las ciudades de Bolivia. Al lado de varios edificios de aspecto roto o sucio aparece una construcción arquitectónica espectacular. En las avenidas principales hay carteles que prohíben tocar bocina y el ruido más característico de este país, al menos de los lugares por donde estuvimos, es justamente la bocina (que suena de manera arbitraria e indiscriminada). Además, la ciudad que parecía estar vacía cuando llegamos, se parece al microcentro porteño durante el día. Hay todo tipo de gente y están por todos lados. Las construcciones antiguas o coloniales se alternan con edificios modernos y deslumbrantes. En La Paz no existe el punto medio.

5. Y por último, lamentablemente, porque tuve que pasar dos días internada en una clínica por una infección intestinal. El martes me empecé a sentir mal (tenía mucho frío, náuseas, mareo, malestar) y como el miércoles empeoré llamamos al seguro médico. Me fue a ver un médico al hostel y me tuvo que llevar a la clínica porque estaba deshidratada. Me dieron suero y me hicieron todo tipo de análisis: tenía parásitos y bacterias que me había agarrado a través de la comida o del agua. Pasé dos noches en la clínica y el viernes me dieron de alta. Fue un momento feo pero los médicos y las enfermeras me trataron muy bien. Esto me hizo abrir más los ojos en cuanto a las condiciones de higiene: no importa en qué país estemos, hay que cuidarse el doble con los alimentos que no conocemos. No sé si a alguien le pasó algo similar en Bolivia o en cualquier viaje, lo que puedo decir es que no es agradable estar enfermo lejos de casa. Igualmente ya estoy bien, en pie y con las mismas ganas de seguir viajando y conociendo.

Texto e imágenes: Aniko Villalba © 2008